La pandemia de las pantallas
La Organización Mundial de la Salud (OMS) no la ha reconocido como un trastorno de salud y solo hace referencia a ella como un “uso problemático de internet”, sin embargo, la adicción a las redes sociales cada vez se vuelve más peligrosa a nivel mundial.
Tanto es así que tal adicción puede llegar a desencadenar respuestas semejantes a ciertas adicciones.
Y hasta ahora se había insistido en sus impactos en la salud mental, pero una reciente investigación de la universidad británica de Durham ha constatado que también se producen respuestas a nivel físico derivadas del constante apego a las redes sociales.
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Dichas respuestas podría explicar por qué es tan difícil alejarse de las redes sociales y entrar en una cierta “abstinencia”.
Los investigadores a cargo del estudio comprobaron que mientras los participantes usaban Instagram, su ritmo cardíaco disminuía y aumentaba la sudoración, patrón que indica un estado de alta concentración y excitación emocional, semejante al de permanecer en una actividad cualquiera que resulte significativa o estimulante.
Descubrieron que al interrumpir la navegación en esa red social, aumentó aun más la sudoración y el ritmo cardíaco se aceleró, a la vez que muchos reportaron sentir ansiedad y estrés, lo cual ha sido igual comprobado por otros estudios que indican cómo el uso indiscriminado de las redes sociales está convirtiendo la ansiedad en una epidemia entre los jóvenes.
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En igual dirección el profesor de la Universidad de Nueva York, doctor Jonathan Haidt, en su libro La generación ansiosa: cómo la infancia hiperconectada está impulsando una epidemia de trastornos mentales apunta que las redes sociales propician, sobre todo a los jóvenes y adolescentes, constantes comparaciones con imágenes de vida supuestamente perfectas generando sentimientos y reacciones perjudiciales.
“Mi tesis central es que estas dos tendencias —la sobreprotección en el mundo real y la falta de protección en el mundo virtual— son las principales razones por las que los niños nacidos después de 1995 se convirtieron en la generación ansiosa”, asegura el experto.
No son como el alcohol o el cigarro, pero…
La investigación de la universidad de de Durham que motiva estas líneas comprobó que las reacciones arriba descritas fueron vividas por todos los participantes lo que hizo a los autores preguntarse si esas respuestas fisiológicas, similares a las generadas por el clásico síndrome de abstinencia, podría llevar a preguntarse si era posible que las redes sociales igual generaran una forma de adicción.
Al respecto sugieren que, a diferencia de las adicciones conocidas hasta ahora, la motivación tras el uso desmedido de las rede sociales está en la necesidad humana de conexión, de pertenencia y aprobación social.
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Son poderosos mecanismos de recompensa los que se empozan en el diseño de estas redes y andan tirando de sus usuarios.
No por gusto el término “brain rot” (podredumbre cerebral) fue elegido como palabra del año 2024 por la Oxford University Press, la casa editorial de mayor reconocimiento en Reino Unido, aludiendo precisamente a los efectos de la permanente ciberconexión.
En ese sentido, la Doctora Anna Lembke, psiquiatra y autora de Generación dopamina, es más concluyente al explicar que las personas pueden volverse adictas a los medios digitales igual que a las drogas.
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Es así, asegura, porque con cada “me gusta”, comentario o vídeo simpático se desencadena una oleada de dopamina, la sustancia del cerebro que “nos hace sentir bien”.
Y cuando el cerebro, en busca de equilibrio, intenta compensar ese exceso ralentizando o disminuyendo la producción y transmisión de esa llamada hormona del placer, el cibernauta sufre un supuesto déficit de dopamina que intenta compensar permaneciendo más tiempo conectado, creando un círculo cerrado como serpiente que se muerde la cola.
Cubanos conectados
Aun cuando en esta Mayor de las Antillas la conectividad entraña dificultades, una investigación publicada el año pasado por el sitio Infomed, del Ministerio de Salud Pública (Minsap) de Cuba, también determinó cierto nivel de riesgo a desarrollar trastornos adictivos en los sujetos investigados.
Foto ilustrativa: tomada de cubahora.cu
En ese estudio, Riesgo del uso de las redes sociales e internet en adolescentes cubanos, cerca de la quinta parte de los participantes, sobre todo entre los varones, se detectaron síntomas de adicción mientras que igual la indagación evidenció que mostraban temor a estar sin sus dispositivos móviles experimentando estrés y ansiedad.
El ingeniero cubano en Ciencias Informáticas y profesor Auxiliar de la Universidad de las Ciencias Informáticas, Antonio Hernández Domínguez, agrega desde otra perspectiva que , sobre todo los más jóvenes, comparten contenidos en Internet también como medio de autorrealización y construcción de su identidad.
Llama la atención sobre posibles riesgos de derivados de estas conductas que pueden hacer vulnerables la privacidad, la seguridad física y también su reputación.
¿Abstenerse?
Aun cuando algunas escuelas y otras instituciones han puesto coto al uso de móviles y otras pantallas, incentivar o imponer una total desconexión de las redes sociales no resulta lógico ni viable.
Pero sí algunos entendidos insisten en colocar etiquetas disuasorias en las redes sociales, como mismo se hace con las cajetillas de cigarros. Podría ser algo así como “Muchas horas conectado a esta red puede provocar daños a su salud mental”, o algo semejante.
Foto: CubaSí
Es posible que esas etiquetas generen algunos beneficios, pero por sí solas no ganarán la batalla.
Explicar, argumentar, demostrar, educar… son verbos que igual han de acompañar estas prácticas, en las que el monitoreo e intervención por parte de los padres resulta clave equilibrando beneficios y riesgos en la balanza de la sensatez. Lo asegura Unicef y muchas familias cubanas lo comprueban a diario.